Es un enfoque terapéutico que ayuda a los pequeños a organizar y procesar de manera eficiente la información sensorial que reciben del entorno.
A través de actividades estructuradas que estimulan sus sentidos como el tacto, la vista, el oído, el equilibrio y la propiocepción, lograremos que los niños mejoren su capacidad para regular emociones, desarrollen su capacidad de atención y afinen sus habilidades motoras.
Esto facilita su adaptación a diferentes entornos y situaciones.